jueves, 26 de octubre de 2017

¿QUIENES SON LOS SANTOS?

PROPONEMOS ESTA HOMILÍA DE SERAFÍN BÉJAR COMO MEDITACIÓN PARA ESTOS DÍAS

Todos los santos

Me gustaría enmarcar un poco la celebración de hoy explicando quiénes son los santos, estamos celebrando el día de todos los santos y no está mal que intentemos profundizar en esa expresión, en ese sustantivo, santo, ¿quién es un santo?. Para responder a esta pregunta quizá haga falta percatarse de que hay distintas capas, ¿no?, la primera capa más superficial, la más influyente hace referencia a todos los bautizados. ¿Quiénes son los santos?, los bautizados, por lo tanto todos los que estamos aquí participamos de ese sustantivo, santo. Cuando san Pablo escribía a las distintas comunidades repartidas por el Asia menor, siempre utilizaba en el encabezado de sus cartas esa expresión, “a los santos de Dios que peregrinan en Éfeso”, “a los santos de Dios que peregrinan en Tesalónica”, “a los santos de Dios que peregrinan en Galacia”. ¿Quién es un santo?, un bautizado, y ¿por qué un bautizado es un santo?, porque participa del Único al que se le puede atribuir propiamente ese calificativo, Santo.

 Por el bautismo hemos sido sepultados en nuestra vida de pecado y hemos renacido a una vida nueva. Es interesante porque quizá no nos percatamos de la riqueza de esta expresión que utiliza san Pablo o el mismo Jesús cuando dice que hay que nacer de nuevo. ¡Si todos los que estamos aquí hemos sido bautizados, todos somos ya santos!, porque todos tenemos en germen una semilla de vida divina y la vida divina es la santidad. Lo hemos escuchado todos en la segunda lectura (que ha leído Antonio de maravilla), “mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios” y dice san Juan “pues lo somos”. Esta festividad de todos los santos, lo primero que tenía que provocar esta fiesta es el asombro, ¡yo hijo de Dios, yo participo de la vida de Dios, la vida de Dios está en mí, se me ha regalado!, genial, alucinante, vertiginoso…
               Una segunda capa de esta cebolla, se aplica el término santo tanto a los bautizados que siguen peregrinando en esta tierra como a aquellos bautizados que habiendo muerto ahora se encuentran en el cielo. Hay una diferenciación muy bella en la escritura (algo de ello hemos escuchado en la apocalipsis), entre la iglesia terrestre y la iglesia celeste. Entonces en este día la fe nos dice algo muy bello y que quizá cuesta trabajo creerse, y es que aunque no tengamos experiencia de ello (aunque se puede tener experiencia), hay una real solidaridad entre la iglesia del cielo y la iglesia de la tierra. Hay una real solidaridad entre los santos del cielo y los santos que aún caminamos por esta tierra, hay vínculos reales. Y a esto nos referimos cuando al rezar el credo decimos en la confesión de fe, “yo creo en la comunión de los santos”, si los santos son los del cielo y los de la tierra, significa que hay vínculos reales que nos unen con los que ya no están aquí. Entonces esa “comunión de los santos”, todavía para rizar más el rizo y para que sea más increíble pero pertenece a la belleza de la fe, la Iglesia nos dice que es en el doble sentido, si hay vínculo real de comunión nosotros podemos hacer algo por ellos, ellos pueden hacer algo por nosotros. ¿Qué es lo que podemos nosotros hacer por los que han muerto?, la muerte tiene que ser un momento alucinante, vertiginoso, es un tránsito y ese tránsito no va a estar exento de dolor, ¿por qué razón?, porque entrar en la luz de Dios de pronto delatará la inconsistencia de nuestra vida. Es como si de pronto al entrar en la presencia de Dios cayeran todas las vendas que nos han mantenido medio ciegos a lo largo de la vida y nos percatáramos con una nitidez doliente de qué ha sido nuestra historia, a quiénes hemos herido, qué muertos hemos dejado como fruto de la búsqueda de nuestra felicidad… Cuando me mire en el espejo de la luz de Dios tiene que ser emocionantísimo y al mismo tiempo tremendo ¿no?, pues bien, cuando la persona que ha muerto, la persona que ha muerto está en ese proceso (que nosotros llamamos de purificación), necesitará ser sostenido en el amor, en la fe y en la esperanza de parte de los que todavía quedamos aquí. ¿Qué puedes hacer tú por los santos del cielo?, sostener en la fe, en la esperanza, en el amor. Este es el sentido de decir misas a los muertos, lo que pasa es que el pueblo de Dios interpreta esto de una manera mágica o incluso cuantitativa, cuantas más misas más efecto, y muchas veces lo interpreta incluso como una especie de pago, como si compraras pero no es en este sentido. La intención es que la Iglesia terrestre sostiene en la fe y en el amor a aquellos que están cruzando el umbral, haciendo el tránsito, purgando (que purgando significa esto que he dicho, haciendo el proceso de concretización de lo que ha sido su propia historia). ¡Tiene que estar tanta gente herida por cosas que hemos hecho o dicho y que ni siquiera nos olemos el daño que hemos podido cometer!, ¡tiene que haber tantas cegueras no conscientes a lo largo de nuestra biografía que contempladas a la luz de Dios, van a salir a la superficie!. Pero los que están en ese tránsito y los que van entrando en esa presencia divina tampoco se desentienden de nosotros que quedamos peregrinando en esta tierra, y por tanto ellos que están en ese tránsito de presencia de Dios, interceden por nosotros. ¿Cómo una madre puede tener cielo mientras su hijo sigue sufriendo en la tierra?, ¿os dais cuenta?, esta comunión de los santos dice algo muy chulo y es que no es un camino individualista, no se llega a la meta individualistamente, se llega como racimo y por tanto el cielo está incompleto hasta que no falte ni uno solo de los rostros que han brillado bajo este mundo. ¡Fijaos en esos vínculos de comunión bellísimos entre la Iglesia del cielo y la iglesia de la tierra!
               Aquí os invito en esta tarde a dos cosas, primero a que descubras tu santidad que en el fondo es “soy hijo de Dios” y segundo, a que intentes en esta noche revivir esos vínculos reales de comunión, en esa “comunión de los santos” entre tus seres queridos que participan ya de la unión en Dios, las personas que te han acompañado un trecho del camino y que ahora ya se encuentran en esa Iglesia del cielo. Pues que reavives esos vínculos, que hagas presente el cariño, el afecto que te une hacia esas personas que fueron tan determinantes en tu vida y que ya no tienes aquí de manera tangible, de manera palpable.
               Pues bien en este contexto de comunidad, vamos a sentirnos como decía el salmo “el grupo que busca al Señor”, y por eso como grupo que busca al Señor si ahora queréis añadir algo éste es el momento….


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