martes, 19 de diciembre de 2017

EN UN PESEBRE


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LA LÓGICA DEL PESEBRE DE BELÉN
           
Puede que la frase del Evangelio de Lucas: lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada” (2, 7) nos suene a algo infantil y dulce y nos deje sin buscarle su lógica central. (Nótese que en ese pasaje en el que se narra el nacimiento de Jesús, aparece dos veces más lo del pesebre: vers. 12 y 16). Vamos al grano: ¿Cuál es esa lógica? Que en Jesús de Nazaret, Dios no se disfrazó de hombre reduciéndose a una idea lejana y celestial sino que se hizo cercano a aquellos y aquellas que son despreciados, perseguidos, sin trabajo, refugiados…”La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros(Jn 1,14).
            La lógica del pesebre es la proximidad de Dios con cada una de esa pobre gente que sufre el peso de la explotación, soledad o desprecio de este mundo y de nosotros mismos cuando nos dejamos llevar por la lógica de los privilegios o por nuestras exclusivas fuerzas y no confiamos plenamente en el Dios de Belén. El pesebre es una invitación contundente a romper la lógica de los fuertes y aferrarnos a la lógica de los débiles.
            No seamos miopes, la lógica de este mundo es una llamada, a veces clara y a veces camuflada, a aferrarnos a los privilegios, al dinero y a la exclusión del diferente y la lógica del pesebre nos conduce irremediablemente a la compasión, inclusión y gratuidad.
            El Papa Francisco en la Navidad del año pasado nos invitaba a “detenernos frente al pesebre”. Esa contemplación lleva a: 1.- Dar gracias por tantas señales de entrega desinteresada que el “Dios con nosotros” (Mt 1,23) concede a tantas  y tantas personas y comunidades y a nosotros mismos. 2.- Asumir la responsabilidad que nos pertenece sin desanimarnos y sin buscar privilegios ni protagonismos. Dios se mete en el “lío”, metiéndonos a nosotros con él y 3.- Exigir el pan y trabajo que no nos esclavice y que nos permita proyectar un futuro de la mano de Dios y de nuestros hermanos.
            Por favor, ¡no seamos posaderos, seamos pesebres!
Antonio Hernández-Carrillo

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