miércoles, 7 de febrero de 2018

NOTAS: CONFERENCIA "CRISTO MÉDICO EN LA PATRÍSTICA" Mariola López Villanueva

Esquema: 1 Jesús médico en los evangelios
2 Jesús cura con la voz y con el contacto
3 El modo en que los padres entienden la salud
4 La actividad médica como metáfora de la acción divina
5 La pedagogía de Cristo médico
6 La función terapéutica del prójimo
7 Orar nos cura


CRISTO MÉDICO EN LA PATRÍSTICA
Empieza con una anécdota muy significativa, que transmito entera:

 «Rubén Omar Sosa escuchó la lección de Maximiliana en un curso de terapia intensiva, en Buenos Aires. Fue lo más importante de todo lo que aprendió en sus años de estudiante.
Un profesor contó el caso. Doña Maximiliana, muy cansada por los trajines de una larga vida sin domingos, llevaba unos cuantos días internada en el hospital, y cada día pedía lo mismo:
-Por favor, doctor, ¿podría tomarme el pulso?
Una suave presión de los dedos en la muñeca, y él decía:
-Muy bien. Setenta y ocho. Perfecto.
-Sí, doctor, gracias. Ahora por favor, ¿me toma el pulso?
Y él volvía a tomarlo, y volvía a explicarle que estaba todo bien, que mejor imposible.
Día tras día, se repetía la escena. Cada vez que él pasaba por la cama de doña Maximiliana, esa voz, ese ronquido, lo llamaba, y le ofrecía ese brazo, esa ramita, una vez, y otra vez, y otra.

Él obedecía, porque un buen médico debe ser paciente con sus pacientes, pero pensaba: Esta vieja es un plomo. Y pensaba: Le falta un tornillo.
Años demoró en darse cuenta de que ella estaba pidiendo que alguien la tocara»
Fue lo más importante de todo lo que aprendió en sus años de estudiante de medicina.

Jesús también lo aprendió por los caminos de Galilea, la gente se acercaba para tocarlo y para que los tocara en su necesidad… La invitación de esta tarde nos lleva a detenernos en este precioso título que los Padres y Madres de la Iglesia  prodigaron y  ahondaron el de Cristo medico.

Los Padres y Madres son maestros
Dice un dicho sufí: “Tu maestro no es aquel del que oyes discursos sino aquel cuya presencia te transforma”. Ellos son así, auténticos maestros y guías espirituales, teólogos y mistagogos a la vez. Practican aquello que dicen, no sólo se lo creen, lo viven….Lo más difícil en esta era de la post verdad.


Vamos a ver qué nos dicen de Cristo médico. Hoy que nuestras sociedades están enfermas de soledad de aislamiento; y la salud se ha convertido en un negocio. (Inglaterra va a crear un ministerio de la soledad)
La salud se define como: “el estado de bienestar físico, mental y social, con capacidad de funcionamiento y no sólo la ausencia de enfermedades”.
Después la conferenciante va poniendo una mirada en el Evangelio y otra en los Padres. Estos consideran a Cristo Médico de nuestros cuerpos y nuestras almas.  Crean hospitales y mientras Grecia excluía de la medicina a los incurables, los cristianos los cuidan sean o no de los suyos.
Tras esta introducción Mariola nos invita a hacer unos minutos de silencio y oración.
1.-  Jesús médico en los evangelios
¿Recordamos los pasajes del Evangelio dónde aparece la palabra “médico”?
El término griego iatros (médico) aparece siete veces en el Nuevo Testamento; cuatro de ellas en boca de Jesús. En los tres sinópticos una de las veces aparece esta afirmación en un contexto muy singular: ante el reproche de que come y bebe con publicanos y pecadores, Jesús responde: "no tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos; no he venido yo llamar a los justos, sino a los pecadores”  (Mt 9,12; Mc 2,17; Lc 5,31); y también el probable refrán que él dice que le atribuyen: "médico  cúrate a ti mismo" (Lc 4,25).
Otros textos: Mc 5,26; Lc 8,43). Y finalmente la alusión de Pablo en Col 4,14: "os saluda, Lucas, el médico  amado".
El Reino no se concibe sin esa dimensión  "terapéutica",
2.- Jesús cura con la voz y con el contacto
Los evangelios nos dan sobrada cuenta de esa fuerza sanadora que irradia de su persona: bien por sus palabras y su voz, o bien a través del contacto, por la imposición de sus manos.
Jesús no cura a distancia, o en serie, sino que en todos los casos dedica una atención personal acercándose a las circunstancias en que vive la persona enferma y con frecuencia toma la iniciativa: dialogando con ella bien acerca de su indigencia y su propio mal, bien apelando a su confianza y abriéndole así a la posibilidad de una curación y un bienestar "semper maior".  La salud entonces no es sólo una mejoría física, sino la sanación integral de la persona.
Ignacio de Antioquía (+110), a comienzos  del siglo II, recomendaba a Policarpo de Esmirna: "Lleva a todos sobre ti, como a ti te lleva el Señor. Soporta a todos con espíritu de caridad... Carga sobre ti las enfermedades de todos".
A diferencia de otros médicos, él cura "sin fármacos ni hierbas", sin emplear de ordinario ritos mágicos o fórmulas arcanas, sin otros instrumentos que su presencia personal,
Para los Padres es un médico que ha venido al mundo para curar las heridas producidas por el pecado.
Como dice Juan Damasceno “lo que no es asumido no es curado y Jesús lo asumió todo para que todo fuera curado”.
3.- El modo en que los Padres entienden la salud
La visión de salud que tienen los padres es integral, abarca a la totalidad del ser humano sin quedarse reducida a una de sus dimensiones: Los Padres de la Iglesia distinguen entre enfermedades: corporales sóma (cuerpo), psíquicas psyché (alma),  y espirituales. noûs (espíritu).
Las enfermedades corporales son sanadas con la medicina y técnicas propias de la época Las enfermedades psíquicas, que según los Padres, tienen tres orígenes: somático, demoníaco: se admite por los Padres que el origen de algunas enfermedades sean los malos espíritus
Finalmente, en tercer lugar tratan las enfermedades espirituales,  llamadas “vicios” o pasiones”.  
Fernando Rivas, en su libro: “Terapia de las enfermedades espirituales en los Padres de la Iglesia” las sistematiza de este modo;
Enfermedades de cuerpo: gula, lujuria y amor al dinero.
Enfermedades del alma: tristeza, cólera, acedia, envidia
Enfermedades del espíritu: vanagloria y orgullo
¿Qué podemos concluir?: La armonía es el criterio de discernimiento de una auténtica curación. Para los padres la sanidad del ser humano es el estado al que estamos destinados desde la creación. Este estado de shalom paradisíaco es para los padres el estado de “salud primordial”.
Al caer en la tentación de autodeificarse, de prescindir del creador: “Tuve miedo y me escondí…”,
4.-  La actividad médica como metáfora de la acción divina.
 «Orígenes (+254) ese gran intérprete de la Escritura,  es el que ha descrito a Jesús como médico más frecuente y más extensamente… "La expresión "magnus medicus" que muchos usarán, tiene sus antecedentes en él que habla de Cristo como archiatros o "supermédico", conocedor de la verdadera medicina.
Para Orígenes: "Toda naturaleza racional debe ser curada por la medicina de la palabra para que retorne a la familiaridad con Dios creador".

5.- La pedagogía de Cristo médico Vamos viendo cómo los padres ponen el acento en la curación por la palabra, unida al dinamismo de la curación como un proceso.  Ese gran catequeta y pedagogo que fue Clemente de Alejandría (+213)  supo unir la "medicina y la pedagogía" como dos formas de una misma curación. Una pedagogía curativa que acontece por la palabra iluminadora y fortalecedora que apoya, estimula y cura. Dice de Jesús: "nuestro buen Pedagogo, que es la Sabiduría y el Logos del Padre, que creó al ser humano y cuida por entero de su criatura, cura a la vez su cuerpo y su alma, porque él es el médico de la naturaleza humana, capaz de curarlo todo".
Insiste en la "palabra medicinal" o "terapéutica". Era lo que iban a buscar a los padres y madres del desierto… Dame una palabra, que era como medicina…
La curación (como semilla que germina y crece) requiere su tiempo (en el plano personal como en el comunitario), todo un proceso humano que no coincide con "lo instantáneo".
Para los padres se debe participar en la propia recuperación. La curación no es un acto unilateral, la salud requiere de las dos partes. Orígenes fuerza los textos sobre curaciones de Jesús para mostrar que en el restablecimiento de la creatura siempre participan tanto el Médico como el enfermo.
Señala  Máximo el Confesor (+662): “Como un médico bueno y caritativo Dios aplica a cada uno […] el tratamiento que le conviene”.  Los padres lo repetían mucho, cada persona necesita una medicina específica, lo que es bueno y conveniente para uno no lo es para el otro
6.- La función terapéutica del prójimo
Para esos “terapeutas” que eran los padres y madres  del desierto: la relación con el prójimo no es sólo la fuente de un más hondo conocimiento de nosotros mismos, sino el remedio, la medicina, con la que Cristo cura nuestro corazón.
¿Cómo son nuestras relaciones? ¿Cómo se sienten los demás con nosotros, se sienten respetados, sin temor a que queramos que sean distintos de lo que son?
Dice una sentencia: “Si a alguno le viene el recuerdo de un hermano que le ha herido, ofendido, o hecho burla de él, debe acordarse del hermano como de un médico que le fue enviado por Cristo y contemplarlo como su bienhechor… Debes estarle agradecido al hermano porque gracias a él conoces ahora tu enfermedad; debes orar por él y recibir lo que de él viene como un remedio que te ha sido enviado por el Señor. Si en cambio te
Pero esa función terapéutica del prójimo sólo puedo descubrirla en la oración. Y ésta es también el único medio por el que las ofensas del otro pueden convertirse en remedio para mí. La curación tiene que ver con el proceso de semejanza con Cristo. Cuando nos vamos asemejando a él nos hacemos también saludables para otros. “El ser humano es la medicina para el ser humano”.
7.- Orar nos cura
Para los padres la oración es el instrumento terapéutico por antonomasia. Nos muestran que la oración es capaz de curar porque lejos de taparlo todo con un piadoso manto bajo el que la enfermedad seguiría prosperando, ella pone al descubierto y cura realmente las auténticas heridas. No porque la oración sea una técnica con la que sanarnos a nosotros mismos sino porque nos pone en las manos de Dios, el único que puede de verdad curarnos.
Nos dice san Juan Crisóstomo, “si el alma está sana, la enfermedad del cuerpo no puede causar ningún daño al alma”.
Para terminar la conferenciante alude a un hecho vivido con una hermana enferma. No podemos resumirlo. Sólo tomo estas palabras:
“Después del amargo e inesperado diagnóstico de la enfermedad, la mejor noticia y el mejor diagnóstico que le dieron fueron las palabras del Capellán al decirle TÚ ESTÁS SANA ESPIRITUALMENTE. Estas palabras han sido la mejor medicina para ella, que levantaron las defensas de su alma y  no permitieron que perdiera su sonrisa”
Y termina con esta invocación:
“Señor…no permitas que desfallezcamos en nuestra debilidad los que esperamos la llegada saludable del que viene a sanarnos de todos nuestros males”.







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