viernes, 23 de marzo de 2018

Meditación para el Domingo de ramos

            El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas, diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.» Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.» Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos.» Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.» Pero el otro le increpaba: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.» Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.» Jesús le respondió: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.» Era ya eso de mediodía, y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.» Y, dicho esto, expiró.

            La cuaresma empezaba con estas palabras: “Si eres el Hijo de Dios, convierte estas piedras en panes”. Y la cuaresma termina con estas palabras: “Si eres el Hijo de Dios, sálvate a ti mismo, bájate de la cruz”.
             ¿Cuál es la tentación fundamental de cualquier creyente? ¿cuál es la tentación fundamental de ti o de mí? Rentabilizar la religión. Eso es lo que pretendemos permanentemente: sacarle rendimiento a la religión. O si queréis, sacarle utilidad al mismo Dios. Sin embargo, las piedras han permanecido piedras, y la cruz ha permanecido cruz. ¿Qué quiere decir esto? ¿qué conclusión podemos sacar? Que la religión no sirve para nada, que creer en Dios no sirve para nada.


            No creemos en Dios porque nos vaya a hacer más fácil la vida. No creemos en Dios porque la religión sea rentable. No creemos en Dios como un refugio de los débiles, que no son capaces de encarar la realidad tal como es. ¿Y cómo es la realidad? Las piedras permanecieron piedras, y la cruz ha permanecido cruz. Entonces, ¿por qué creemos en Dios, si Dios no es rentable, si la religión no es útil, si no podemos sacarle provecho, por qué creemos en Dios? Responde a esto, esa novela tan conocida de “El principito”, en una de sus frases más bellas: “cuando el misterio es tan impresionante, uno no puede dejar de abandonarse a él”. Ésta debería ser la razón profunda de nuestra elección de fe. Ésta debería de ser la razón que explicara por qué somos religiosos y no ateos. No somos religiosos porque saquemos provecho a Dios, somos religiosos porque cuando el Misterio es tan impresionante, es imposible no obedecerlo, es imposible no abandonarse a Él.
            El Misterio, en este día de domingo de ramos, es impresionante, es imponente, es el misterio de la cruz. Se trata de un misterio que es absolutamente sobrio y, sin embargo, tiene una fuerza de atracción para todos nosotros, a la cual no nos podemos sustraer.
            Pedimos al Señor que toque nuestro corazón, al comienzo de esta Semana Santa, y suplicamos al Señor que dejemos, de una vez por todas, de utilizarlo en provecho propio. Imploremos al Señor que nos libre de la tentación de pretender sacarle utilidad al mismo Dios. Queremos permanentemente que las piedras de nuestra vida se conviertan en panes, que las cruces de nuestra historia dejen de ser cruces. Vamos a respetar su oscuridad. Vamos a dejar de sacar provecho a la religión. En definitiva, vamos a dejar impactarnos por ese misterio tan impresionante del Dios que ha querido compartir una historia humana como la tuya, como la mía. 
Homilía de Serafín Béjar

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